Estaba parada en ese ruido y lo único que llegaba hasta mi era un silencio eterno y retumbante, tu risa se hacía ecos a lo lejos y yo la quería arrastrar hasta un abrazo mío pero no podía, quise llorar pero estaba ocupada tirando con fuerza esos sonidos filamentosos y lejanos, la desesperación de la impotencia es uno de los sentimientos más aterradores y vacíos sobre la infinitud de la existencia. Quise hacerme miel para arrastrar esa ansiedad desesperante pegoteándome al piso y tampoco pude…a lo lejos seguías vos y tus sonidos, no existe nada que llene ya nunca más esa ausencia, te extraño tanto que a veces no se a donde ir, ¿Dónde estarás?. ¿Cómo entender que no existas más? Si a mi me resultabas tan inmenso, tan inmortal…
Tus vestigios en mi alma te reviven en cada instante, hasta en la frase aquella que me regalo un diariero el otro día: “Lo único que no tiene solución es la muerte, lo demás se arregla todo”, me sonrío mientras le sacaba el papel envoltorio a un libro para que yo pudiera ver de quien era la traducción, y yo admiraba esa simpleza para transcurrir en su vitalidad, su falta de preocupación por su ubicación espacio temporal me transmitió alivio desconcertante,casi igual al que coloreabas vos..
Te voy a seguir esperando, aunque sea esos momentos fugaces de la cotidianidad donde apareces.. Te amo y te extraño…
miércoles, 8 de diciembre de 2010
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