Me repugnaba de manera honda y delicada esa situación, pero no me atreví a decirle nada, no comprendería, ya casi nadie lo comprende, es sólo que a veces quisiera expresarlo pero no encuentro como. Lo único que supe hacer en ese momento fue quedarme mirando a la nada, ya no pude ni pensar, algunos alaridos que cortaban el viento quedaron impregnados en mi piel como un aroma a playa revuelta y de vez en cuando el olfato se me aviva y lo recuerdo, quisiera no recordarlo pero todavía no aprendí a decidir sobre eso.
No me quedó tolerancia en el estomago, después de ese día no pude volver a mirar sin ansiedad de grandeza ningún suspiro, sin embargo aprendí a quedarme quieta debajo de cualquier luz y ahora solo guardo algunos retazos y cuando decido que ya no lo tolero puedo elegir irme, como dije ya no me queda tolerancia en el estomago,no puedo esperar menos que demasiado.
Lo quiero todo, absolutamente; y sino prefiero no gastar los viajes entre los árboles en eso, sea lo que eso sea, no acepto menos que demasiado, lo demás me empieza a dar nauseas.
A veces me asusta ver crecer tanto mis ambiciones y a veces me halaga.
Sigo envidiando profundamente a los que saben exigirlo y van trascendiendo la atmósfera de toda cordialidad como despojándose de todo y abrazando fuertemente su aspecto más natural. A veces me miran y nos reconocemos, pero yo sigo sin animarme y me roba un suspiro profundo ver que reconocen en mis ojos aquello que ellos practican. Sonrisas traviesas se perciben cuando me los encuentro, amo a esos seres y no puedo no amarlos.
Quien sabe... quizás algún día…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada